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jueves, 19 de agosto de 2021

Denisse

 

Denisse



Dancing Girl for rent in the Ball room.
Emon. 2019.

Encendió un cigarrillo y apoyó los codos sobre las rodillas aspirando profundamente el humo que fue dejando escapar lentamente de entre sus labios. Aquel ambiente sórdido perdía su brillo bajo las luces de trabajo, los meseros iban terminando sus tareas y retirándose, mientras Denisse, sentada en una de las poltronas del privado, miraba sin perder de vista un algo invisible que parecía más que abstraerle, le distraía con preguntas que solo ella podía escuchar.

Uno de los camareros se acercó y pidió permiso para recoger la pequeña mesa abarrotada de vasos y botellas que dejaran los invitados de la noche anterior. Denisse levanto la mirada perfilada por el delineador negro del maquillaje y se fue echando lentamente sobre el respaldar de la poltrona expirando el humo como si éste, fuera el propulsor de la acción de aquel cuerpo delgado; de rostro agudo como una daga.

Señora Denisse. Dijo el camarero. ¿Ha pensado lo que le dije de adquirir el nuevo equipo para la música ambiental? Es una inversión que durará toda la vida y contribuirá a que los clientes se sientan más agradados en el local. Denisse levantó la mirada diciendo. ¿Para qué quiero algo que va a durar toda la vida? Sería muy penoso que me sobreviviera un aparato de música o ¿es que quieres que te lo herede? Anda, deja eso y vete a descansar, ya hablaremos después…

El local iba quedando cada vez más solo, o era Denisse que se quedaba sola en medio del silencio. Todo se veía más oscuro que cuando estaban apagadas las luces, A penas las lámparas de la barra lograban a duras penas refulgir dentro de tanta oscuridad; y Denisse, sentada en la poltrona del privado con el cigarrillo aun encendido entre los labios, se sumergía tranquila en ese ambiente.

La puerta de entrada se abrió de repente dejando pasar la luz del sol que iba atropellando todo con la claridad que producía en el lúgubre espacio del “Show Bar & more” lugar de trabajo, merendero y dormitorio de Denisse.

Una sombra se introdujo rompiendo en haces de luz la fulgurante pantalla blanca anterior. La casi transparente figura del personaje que a duras penas podía verse entre tanto destello dijo con voz un tanto burlona. ¡La próxima vez tendrás que colocar velas Denisse! ¡Aquí es imposible ver algo entre tanto terciopelo rojo!

¡Ah! ¡Allí estás! Dijo el personaje. ¿Sabes? Esas lámparas de la barra son espantosas, ni siquiera iluminan, y encima, Tú, vestida de rojo… giró la cabeza observando todo con desinterés y remató diciendo. ¡En esta mierda! Soltó una risita burlona que hacía mover sus hombros bajo el abrigo negro que llevaba puesto.

Es solo un poco de efecto… Dijo Denisse Frunciendo el entrecejo. ¿Eso no era lo que te gustaba? Al menos es lo que recuerdo. ¡Vaya! Veo que han cambiado tus gustos. Dijo con relajada ironía mirando de arriba abajo el abrigo negro. Suspiró y encendió otro cigarrillo dejando escapar el humo a la cara del visitante. ¿Qué te trae por estos lares oscuros que tanto criticas?

Los recuerdos… Dijo el personaje.

Ya. Suspiro Denisse. Hace tiempo que te esperaba, pero eres algo guabinoso. A decir verdad, esperaba más profesionalismo de tu parte. Este local, que ahora criticas ha sido exitoso gracias a tu intervención… Un tanto costosa, pero exitosa. Ahí tienes, dentro de poco instalaremos un equipo de ambientación musical para que los clientes se sientan más… agradados, ¡una inversión para toda la vida! ¿Qué te parece?

Y… ¿para qué quieres algo que te sobrevivirá? ¿Otro absurdo?

Lo mismo digo. Respondió con decepción Denisse. Lo mismo digo… repitió y se quedó nuevamente observando a ese punto lejano donde las preguntas solo podía escucharlas ella.

¿Estás lista?

¡Cómo cada noche! Respondió Denisse sonriendo.

Te he traído el abrigo que querías. ¿Ves? Lo recordé… Dijo el personaje.

Denisse se levantó de la poltrona y le dio la espalda al personaje para que le pusiera el abrigo. Se volvió hacia él y dijo. Aguarda, debo hacer una última cosa.

Fue al pequeño lugar que funcionaba como oficina y extrajo unos documentos del escritorio.

Escribió algo sobre ellos y estampó su firma.

La puerta volvió a abrirse y la luz penetro nuevamente al local. Denisse camino junto al personaje y poco a poco se fueron difuminando en ella.



Buenas noches Jairo, a partir de ahora el Bar te pertenece, aquí están los documentos que lo certifican.

P.D. Compra el equipo de música ambiental para el local.

Denisse.

Elio Montiel

Para Píldoras para dormir conmigo mismo. Agosto 2021.

jueves, 1 de julio de 2021

Sobre visitas inesperadas y 17 momentos de primavera

Cuento de un globo. Emon. 2020.

      Tocaron a mi puerta repetidas veces y pensé que algún vecino se venía a quejar por el volumen de la música que escuchaba. Pensé. Pero si no está tan alto. En fin, bajé el volumen de mi viejo equipo de CD y fui a responder al llamado de la puerta.

Frente a mí se encontraba mi sonriente vecino del piso bajo, hombre entrado en años, de quien escuché como si fuera en un confesionario; su inusitada sorpresa de ver que era una persona joven quien escuchaba tan hermosa música. Un poco sorprendido de su sorpresa, me sorprendí invitándole a pasar a compartir un té. Me pareció conveniente ya que en ese momento no me cuadraba un café con la música que inundaba mi pequeño, pero acogedor y desordenado espacio.

¡Acogedor su espacio! Exclamó. Como si hubiese estado leyendo mis pensamientos. Mi esposa tiene todo tan ordenado en casa que a veces pienso que vivo en una vitrina, aunque creo, que mejor es así; de esa forma ya no me perderé. Sonrió bajo sus gafas con la mirada puesta en mi y dijo ¡Anda! ¿Y qué pasó con ese Té? Sonreí ante su graciosa confianza y fingí salir corriendo a calentar el agua.

Se sentó en mi sofá, apartando con desenfado los libros y papeles que se encontraban en él y me dijo como quien cuenta un secreto. Es que soy un poco sordo ¿Sabe? Y mejor me pongo cerca para escucharle. Inmediatamente mi ahora nuevo amigo preguntó. A ver, ¿Cómo se llama esa pieza tan hermosa que escuchaba hace unos momentos? Le sonreí mientras observaba su expresión curiosa por lo que de repente me pareció una versión “vintage” de mi querido Momo.

Le dije “17 momentos de primavera” mientras colocaba el agua hirviendo en la tetera con filtro que me había regalado mi amigo José Francisco.

¡Hermosa! Dijo. Apagando la voz.

Es de un compositor ruso, Mikael Tariverdiev Dije.

¡Ruso! Dijo un poco apagado. Muy buenos los músicos rusos sentenció…

¡Excelentes! Asentí. En particular esa pieza me llega profundamente le dije con tono reflexivo. Amo las notas nostálgicas y ligeras que posee.

Le serví el Té y me agradó ver su sonrisa, creo que lo estaba disfrutando. Sostuvo por un momento la taza y luego me dijo. ¿Podría escucharla nuevamente? Yo asentí diciendo, será un placer, ¡moría porque me lo pidiera! Le dije mientras le servía una galleta que había sacado de la alacena.

Durante casi 5 minutos que duraba la pieza, permaneció en silencio con los ojos cerrados. Sentí una profunda sensación de amor por este personaje con el que no había tenido mas que el contacto de un casual buenos días por las mañanas. Al final como si aun la música siguiera sonando dentro él me dijo. “La música es la voz del Universo y es infinita”. Al abrir sus ojos me pareció verlos un poco enrojecidos como cuando se contienen las lágrimas. Sus palabras lo mismo que la música de Tariverdiev calaron en mi haciendo que unas lágrimas salieran inadvertidamente. Debo reconocer que me sentí profundamente emocionado con su presencia y sentí también que mi día estaba completo.

Llamaron nuevamente a la puerta. Era la nieta de mi visitante que al darse cuenta de que su abuelo estaba conmigo exclamó. ¡Abuelo! ¡He estado buscándote por todas partes! Un poco atravesado en el camino de la chica, le dije que lo había invitado a tomar el Té y a escuchar música. ¡Es que se pone muy pesado! Respondió con fastidio la chica. Mi anciano amigo se levantó calladamente y me pidió disculpas por las molestias. Yo le dije, que de ninguna manera habían sido molestias y que coincidía con él en cuanto a que la música era la voz del universo a lo que agregué:

Si cambia su voz, cambia el alma, cambian también sus verdades… Su voz es y será siempre el manantial donde navegan sus emociones y deseos, sólo debe elegir la nave en la que quiera viajar.

Mi nuevo amigo me abrazó y se despidió siguiendo con calma los ágiles pasos de su nieta.

Cerré la puerta, volví al sofá y repetí una vez más 17 momentos de primavera para acompañar a mi amigo en el camino hasta su casa.

 

Elio Montiel

Para Píldoras para dormir conmigo mismo



Julio 2021