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sábado, 9 de diciembre de 2017

Cuando el Yo es el punto de partida…

 “…el punto de equilibrio cambia en cada proyecto,
pero sí tengo claro que incluso en las poéticas del yo
la primera persona tiene que ser un punto de partida, no de llegada.”
Mario Vargas Llosa[i]

En mi diaria revisión de lecturas me encontré con un extraordinario artículo en la versión en idioma español del “The New York Times”, escrito por Jorge Carrión, reconocido Periodista, Escritor y Profesor de amplia trayectoria. En este artículo habla sobre el afamado escritor Emmanuel Carrère y hace un análisis muy conciso de la transición de este escritor francés a lo largo de su carrera como escritor de ficción y luego como novelista de profunda y sincera reflexión.
Desde luego que no es mi intención hacer una evaluación crítica del artículo, sino más bien tomar de él una frase que inspira recurrentemente mi idea de la importancia de fortalecer nuestras aptitudes y sincerar nuestras acciones sobre la base de una “preparación” personal para consolidar nuestros propósitos, nuestra visión de la vida y nuestros deseos por contribuir verdaderamente en nuestro entorno.
Como en otras oportunidades he dicho, creo que nuestras debilidades no son otra cosa que fortalezas en proceso de mejora, y solamente puedo reconocer al otro cuando me reconozco a mí mismo. Por principios siempre me ha gustado colaborar con otros dentro de mis posibilidades, sin embargo, eso no determina, ni mi fortaleza con respecto a los demás, ni una condición especial pre existente. A lo que me refiero, es a que nuestras actitudes se forjan en el constante uso de los valores que acobijamos durante toda la vida; empezando desde niños, donde los hábitos que se siembran en esa etapa persisten hasta la vida adulta y se fortalecen como ejes principales de la conformación de una sociedad útil y progresista y no limitada a apetencias individuales, que por lo general terminan destruyendo los vínculos transpersonales y los valores importantes con los que tan sólo se beneficia una actitud acomodaticia o “confort” y de total desprendimiento a los ideales humanos que buscan el bienestar general en la medida en la que todos lo necesitamos.
A mi manera de ver, todo cambio o transformación no se inicia en forma colectiva, siempre se inicia
cuando el ‘yo’ se convierte en el medio para llegar al otro. En otras palabras, Yo debo hacerme responsable de mis acciones y de la elaboración de mi propio ‘proyecto de persona’ ése, que debo o que deseo ser. Sólo así podré encarar el proyecto colectivo que construye las sociedades de progreso.

A cada paso que damos como civilización, entendiéndose el término como sinónimo de progreso, son más los puntos en contra que a favor, para la construcción de mejores condiciones colectivas, sin querer tratar el término colectivo de manera engañosa y bajo preceptos que hasta ahora le han dado un significado más diferenciador que unificador.
En la actualidad parece ser más importante resaltar cada colectivo por sus diferencias que por sus aspectos unificadores (se pueden citar muchos ejemplos); si a eso sumamos las diferencias individuales; es  de necios no reconocer que cada vez nos distanciamos más de objetivos comunes que pongan de manifiesto la naturaleza humana más engrandecedora, dotada de valores y propósitos (que cada vez parecen perderse más en la sociedad occidental) que eviten el declive, la caída de todo aquello que hemos tomado por bueno. Cabe allí la idea de construir en nosotros mismos, fortalecer nuestras más insospechadas cualidades para dar un paso aun más grande y que tiene que ver con la composición de una mejor sociedad. No podemos aupar la idea de que por ser seres humanos no somos perfectos, ese es el meollo del problema: ¡somos tan perfectos que hasta nos equivocamos!

Nuestra mejor herramienta es la capacidad que tenemos de poder rehacer el camino, corregir los errores y revitalizar lo que la evolución a puesto en nuestras manos y tiene que ver con la capacidad, la habilidad de recrear todo a partir de un mismo principio, reidentificarlo, regenerarlo y una vez más iniciar todo de nuevo. No nacemos para resistir estoicamente las circunstancias, nacemos para cambiarlas, lo que implica una profunda necesidad de cambiar nosotros y darles el revés necesario. De esa única manera estaremos preparados para apoyar al otro y ser sustento, columnas y puentes de un mundo mejor donde impere el deseo sincero por la felicidad de cada ser humano.

Que descansen…

Elio Montiel
Para Píldoras para vivir conmigo mismo.

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[i] "The New York Times" Emmanuel Carrère y el maldito punto de vista. Por JORGE CARRIÓN 3 de diciembre de 2017


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