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martes, 10 de octubre de 2017

De una conversación con una amiga

No  mires a los ojos del mañana sin contemplar de qué lado de la cama duerme tu pasado. El pasado es ese amante al que tu presente obedece y que te permite, mientras aparenta estar dormido que cocines tu mañana.
Hace unos días atrás conversaba con una amiga sobre toda la trama tejida en torno al tema del feminismo, sus implicaciones políticas, sociales, económicas, morales, éticas, humanísticas, la doble jornada (que creo que es parte de la evolución nominal del rol de la mujer  en la sociedad). Me confesé feminista en algún punto de la conversación, en ese donde consideramos en que no era un asunto de derechos, sino de la forma en cómo las sociedades han respondido a sus necesidades evolutivas y donde los roles del hombre y de la mujer coincidían en un objetivo común de la subsistencia. Tenemos una cultura que se apodera de todo a nuestro alrededor y esta signada por viejas y nuevas necesidades de la sociedad y es claro que toda problemática siempre encontrará su redimensión en ella.  También coincidimos en el hecho de que el estado actual del tema de género respondía indiscutiblemente a la interpretación (generalmente impregnado de algún criterio, pensamiento, interés o sentido) de los roles.
Humanistas al fin, terminamos coincidiendo en que era un asunto de respeto, de dignidad e interés por resolver los problemas humanos (que siempre está salpicado de  de una dosis de política disfrazada de acción en pro de…).
Luego de un sorbo de café encendí un cigarrillo y le pregunté si conocía de algún caso en el cual no fuese víctima de agresión la mujer, sino el hombre y respondió. ¡Muchos! O sea, dije: ¿Puedo sospechar que la misma estructura que opresiona a la mujer es la que esconde la opresión hacia hombre? Si. Respondió. Y en torno a ese tema no existen registros, ni estadísticas o divulgación, a menos que sea uno de esos casos como el de la mujer que cortó los genitales del esposo y luego lo quemó mientras yacía en la cama del hospital donde le habían restaurado su virilidad, que volvió a cercenar.
No sospechaba de ese equilibrio. La naturaleza humana, una vez que despierta sus más primitivos instintos es capaz de cualquier cosa.
El hombre siempre lleva el mayor peso. Dije esperando que surgiera su crítica sobre la liviandad masculina ante la problemática de la mujer en la sociedad actual, pero,  me dijo: Quiero creer que asuntos como ese tienen solución en la construcción de puentes y no paredes, en el fortalecimientos de los valores humanos, en la adecuación de los esquemas sociales que invisibilizan  la fortaleza de la mujer en la construcción del  mundo que conocemos, en el que vivimos y compartimos sus miserias, pero por sobre todo eso que las mujeres lo comprendan profundamente y actúen en consecuencia. Se inclino hacia mi y tomo mi mano diciendo: Creo firmemente  que hemos hecho un gran trabajo en borrador para corregir…
Ese efímero instante se desvaneció ante mi para recordarme que debo “cocinar” ...un mejor mañana…


Que descansen

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