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domingo, 22 de octubre de 2017

De la Felicidad, lo transitorio y las ensaladas

Cuán difícil es a veces decirles a otros, que nacimos para ser felices. Pensamos que no somos merecedores de la felicidad por el simple hecho de que creemos entenderla como el logro de todas las cosas que nos ayudan a vivir mejor, más cómodos, estables o exitosos, o sin problemas… es la gran mentira con la que fuimos criados y que por costumbre, cultura o lo que sea que entendieron quienes nos amaban, sembraron la absurda semilla de la propensión al fracaso y a la inminente infelicidad.

Lo que he aprendido con el tiempo es que creemos en que no puede existir lo absoluto cuando hablamos de felicidad, el tema siempre ha estado vinculado desproporcionadamente a aquellas cosas que hacen del placer el fin último de nuestra existencia y aunque si puede haber un resquicio de “felicidad absoluta” ésta no tiene que ver con la oferta diaria de ese mercado de la prosperidad al que no todos tenemos la oportunidad de alcanzar y que desde luego,  nos hace muy infelices no hacerlo.

En mi itinerancia laboral al regresar a mi país, luego de grandes éxitos en una empresa en la que trabajaba, me encontré en una situación muy difícil en la que mis aspiraciones eran borradas con la etiqueta de “No hay plazas”, “está sobre calificado” o que simplemente no había forma de emplearme sin reducirme a la condición de un simple obrero. Decidí cambiar de actitud y fijarme realmente en lo que necesitaba para “resolver” mis  necesidades del momento. Ese golpe de timón, me permitió no sólo conseguir empleo, sino en poco tiempo escalar posiciones muy rápidamente, hasta llegar a una de las empresas más prestigiosas de servicios aéreos con la que de alguna manera y grandes esfuerzos, pude visualizar una mejor situación. Pasado un tiempo, debí entrevistar por razones de seguridad aérea, a un pasajero que tenía, algunos puntos que le hacían sospechoso de alguna actividad ilícita. Después de una conversación amable y escrutadora con el pasajero, pude desenmascarar, no a un delincuente, sino a una persona cuya percepción de sí mismo, lo había convertido en el objeto de una inseguridad extrema que lo llevó a mentir para sentirse más cómodo consigo mismo… ¿o con el paradigma de lo que debe ser una persona feliz?

En otra conversación muchos años después, salió a relucir el tema de la felicidad, esta vez como el comentario de un amigo que me decía al verme pasar por la calle donde vivimos; que sentía envidia porque a su parecer, él creía en que yo era una persona feliz. Para mis adentros decía “soy una persona feliz porque lo decidí. No tengo grandes posesiones, ni dinero, pero tengo lo que me hace falta… Creo realmente que la felicidad absoluta existe, cuando entendemos que esta no tiene que ver con lo que poseemos,  la belleza, la profesión, el dinero. La vida no es como cuando entras a un restaurante y pides un plato de ensalada de vegetales y le pides al mesero que por favor no le pongan cebolla. A la vida no se le dice: ¡ah pero por favor me la sirven sin la parte mala!

Lo que sí es la vida, es un menú de elecciones. Sólo uno puede decidir ser feliz y eso tiene que ver no con elegir los productos más baratos de la lista de menú, sino elegir aquellos que realmente te hacen falta para alimentar tus sentimientos y emociones, tu tranquilidad y amor propio, tu auto concepto y respeto, valores y demás elementos que desencadenan o propician sin transitoriedad, tu felicidad.
Esta es la única forma en que podamos sentir que si existe la felicidad absoluta. Basta como ejemplo un perro al que hemos dejado atado a un poste durante todo el día, sin darle alimento, ni agua. Su felicidad no puede ser estar atado al poste todo el día! Su felicidad estará atada a que pongamos su agua y su comida al alcance o al menos que le permitamos buscarla. El poste entonces se convierte en aquello que nos impide ser felices y hasta conformistas (tener un auto, casa, comida, diversión, sexo, etc.) y la posibilidad de buscarla e incluso tenerla cerca, sería la felicidad.

¿Estamos destinados a ser infelices? Por omisión,  rotundamente sí.

Omitir que todo es transitorio y que  jugarle los dados a una felicidad que siempre estará en vilo o a una felicidad póstuma, es un grave error. Sin embargo, creer que definitivamente podemos con la idea de que aquello que permite conservar mi dignidad como persona, mantenerme en equilibrio con las circunstancias que vivo día a día y sobre todo que como individuo puedo dar golpes de timón que cambien la dirección de mi vida, eso definitivamente si es la felicidad.  

Recordar que la oferta del mercado de la prosperidad tiene caducidad, es un buen indicador de nuestro encuentro con la felicidad absoluta, es decir con el compromiso personal de ver con claridad el horizonte que perseguimos, el camino que andamos para hacer de la felicidad ese proceso sencillo de ser cada día más humano y que con el tiempo las arrugas en nuestro rostro nos recuerden que son las marcas de lo que reímos y no las cicatrices de lo que lloramos

Que descansen



Elio Montiel

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